Ciudad desmantelada: las políticas antimanteros del gobierno de CABA
Desde los 2000, en Argentina la tasa de informalidad laboral ronda el 40%, según datos del INDEC. Una porción de estos trabajadores informales son vendedores de artesanías, alimentos, juguetes y sobre todo, vestimenta que disponen sus productos sobre mantas en las veredas de la Ciudad. Se solían aglomerar, a la espera de potenciales clientes, en Once (Balvanera), la calle Avellaneda del barrio Flores y algunos parques, como el Parque Centenario. En Avellaneda era “caótico, porque había mucha gente”, explica Sandra, quien hasta hace cuatro meses vendía camperas en la calle. La gente caminaba en fila india, mirando imitaciones de pantalones Adidas a su izquierda y crop tops (tal vez de una marca menos conocida) a su derecha.
Cuatro meses atrás, Sandra llegaba a Avellaneda a las 4:30 de la mañana para poder conseguir un lugar en donde colocar su manta. En algunos casos, ocupar un puesto en la vereda implicaba también pagar una suma de dinero, pero “dependía de cada cuadra”. En la cuadra de Sandra nadie exigía ningún pago, pero sí una convivencia pacífica en la que “no haiga caos” y “que compartan” el espacio, aún si era chico. Podía haber disturbios entre quienes vendían, pero Sandra prefería la convivencia pacífica, cediéndole lugar a quien no había conseguido un espacio. A Sandra le gustaba su trabajo como mantera y se había hecho muchas amigas que compartían el mismo oficio. A pesar de esto, hoy se gana el pan de una forma diferente: trabaja en LAVORA, un negocio mayorista de jeans y sweaters ubicado en calle Avellaneda.
Sábado 30 de mayo a las 11 de la mañana.
La calle está desierta de manteros. El local de LAVORA es alargado. Por la calle pasa gente, pero no hay compradores dentro de la tienda. Sandra tiene el pelo prolijamente recogido en un rodete y usa dos pequeños aros dorados. Está vestida de negro como el resto de los trabajadores.
Cuando lo de los manteros ya no funcionó, entonces yo me adapté y busqué un trabajo así como más estable.
Si bien el nuevo trabajo es “más estable”, ella prefería la flexibilidad que tenía antes para manejar sus productos y sus interacciones con los compradores. Pero lo de los manteros “ya no funcionó”, y tiene causas concretas.
Desde hace un tiempo las veredas parecen más grandes, más vacías. En el contexto de la política de “Ciudad Limpia” impulsada por el Jefe de Gobierno de CABA, Jorge Macri, la Ciudad se despojó de manteros. Desde 2024 se desplegaron 13 megaoperativos a lo largo de distintas calles y parques de Buenos Aires. Macri explicó en un reel de Instagram que los porteños “recuperamos el espacio público”: 600 policías ingresaron en Once, donde se realizaron 197 allanamientos. En sus palabras, las “mafias” manteras ya no pueden obstaculizar el paso peatonal. Este tipo de políticas urbanas se continuaron profundizando a lo largo de su mandato. La Ley y el Orden se extendieron hasta Avellaneda y calles aledañas en febrero de 2025: más de 5000 manteros fueron desplazados, en un megaoperativo con más de 550 inspectores, operarios y policías de la Ciudad.
Coronado de gloria, el Gobierno de la Ciudad publicó a principios de 2026 un video celebrando “18 meses sin manteros en Once”. Además de regocijarse en el efecto de sus operativos para facilitar la circulación, permitiendo el paso de los vecinos, Jorge Macri insiste en haber dado por tierra con el comercio desleal, beneficiando a los propietarios de comercio. Sin embargo, las consecuencias económicas para los comerciantes son diferentes de las esperadas. Para Sandra, la relación entre manteros y dueños de tiendas era algo mutuo:
Compraban de los manteros y también se daban cuenta que las galerías eran baratas y compraban de las galerías.
Ahora “se mueve gente pero no como antes”. Los compradores que iban a Avellaneda por los precios bajos de pantalones truchos dejaron de circular por la zona. Para Sandra, nadie gana.
Los operativos no evitan que algunos trabajadores, como María Josefa, se arriesguen a disponer sus mantas en otros espacios. Ella usualmente despliega sus juguetes en las veredas de Belgrano. “Nosotras estamos alerta todo el tiempo”, dice María Josefa. Y es cierto: están todo el tiempo atentas a la posible aparición de policías, mirando hacia un lado y hacia el otro “a ver si aparece alguno”.
En nuestro país existe legislación para evitar este tipo de comercio desregulado en el espacio público. El artículo 9.1.2 de la Ordenanza N°34.421 determina que está prohibida la venta en la vía pública si no se cuenta con un permiso legal. El mayor riesgo no es que las corran del lugar, sino que la Policía de la Ciudad confisque su mercadería, saltándose la reglamentación que indica que la primera penalidad debe ser una multa del equivalente a 500 litros de nafta. Legalmente, el decomiso de los productos sólo puede realizarse en caso de reincidencia (si se encuentra por segunda vez a un vendedor sin su permiso correspondiente). La vacilación de María Josefa para dar detalles sobre la acción policial trasluce lo complicado de la experiencia. “Mucho maltrato…mucho maltrato”, repite. El decomiso de mercadería puede convertirse en una situación tensa.
Un vendedor de alfajores fue decomisado en Costanera Sur de la Ciudad de Buenos Aires, en abril de este año. Mientras los inspectores del Gobierno de la Ciudad metían su mercadería en una bolsa, le explicaban que “es ilegal vender sin un permiso”. En respuesta, el muchacho los interpeló con una pregunta: “¿por qué molestan a la gente que quiere laburar?”. Los alfajores eran caseros y los vendía a los transeúntes para subsistir. La escena culminó con el chico sosteniendo su canasta vacía y limpiándose las lágrimas de la cara.
Al chico de los alfajores le recomendaron obtener un permiso para vender. Si los vendedores cumplen el requisito de dos años de residencia en la Ciudad, se les otorga una habilitación que dura también dos años, y puede ser renovada. Por su parte, María Josefa intentó obtener un permiso hace un tiempo atrás, cuando todavía vendía frutos secos —pistachos, específicamente—. Fue al lugar correspondiente para la Comuna 13 y le hicieron llenar varios formularios, pero “al final me dijeron que no se podía”. Aparentemente, los pistachos no entran dentro de las categorías alimentarias permitidas, a diferencia de los maníes, la garrapiñada, los higos, el azúcar hilada y otros snacks. El Código de Habilitaciones suma a esa pequeña lista de alimentos permitidos “cualquier otro alimento que la autoridad de aplicación considere pertinente”. Ese día, los pistachos no fueron pertinentes para la autoridad de aplicación. Melisa, vendedora de cuadernos artesanales y compañera de María Josefa, agrega:
y…es depende quién te esté atendiendo, a veces te lo dan y a veces no…Depende de cómo se hayan levantado…Y depende de cómo te vean también.
Para Melisa el problema no es solamente que no se otorguen los permisos correspondientes, sino que ni siquiera se intente reubicar a los trabajadores manteros en algún otro espacio. Y lo lleva más a fondo, diciendo que podrían darles un puesto en una feria, pero el problema “es más profundo”, porque “la gente no tiene plata para gastar en cosas que no son de primera necesidad”. Que suban los salarios, que dejen de aumentar las cosas, que haya más oferta de trabajo: Melisa baraja opciones que no han sido mencionadas por la Jefatura de Gobierno, que parece en cambio profundamente preocupada por una Ciudad Limpia en la que el espacio público ya no sea un lugar donde se pueda comerciar. Una Ciudad Limpia en la que los vecinos (exceptuando, claramente, a los trabajadores manteros) “recuperamos el espacio público”.
¿Qué esconde el “espacio público recuperado” de la Ciudad Limpia de Buenos Aires? Algunas carteleras verdes de la ciudad muestran un antes con calles llenas de manteros y un después más vacío. En otras, el antes muestra a un hombre durmiendo en el banco de una plaza, mientras que el después muestra el mismo banco, vacío. ¿A dónde van a parar los caídos del mapa capitalino? Sin vendedores ambulantes ni indigentes a la vista, y con escasos puestos de trabajo disponibles, podemos reconocer un logro de la Jefatura de Gobierno: bajo su concepción de limpieza, la ciudad está limpia. Las mafias manteras ya no obstaculizan el paso peatonal y los indigentes desocuparon los bancos. Frente a los trabajadores manteros, triunfó la Ley y el Orden.