¿Todo en orden? #4
La semana estuvo marcada por la exposición: la imagen tuvo un rol central en la escena pública; mientras que el oficialismo se debilita en las encuestas, algunos sectores opositores ganan peso. Además, Adorni expuso el informe de gestión acompañado de la cúpula de gobierno; en las calles la CGT se mostró debilitada en una marcha poco multitudinaria.
Adorni vs. Congreso

En un encuentro muy esperado por todo el arco político nacional, Manuel Adorni cumplió con su mandato institucional y se presentó a rendir cuentas ante el Poder Legislativo. Con el Ejecutivo funcionando como escudo protector, el Jefe de Gabinete expuso durante más de seis horas, sometiéndose a las preguntas y cuestionamientos de los diputados.
El recinto estuvo preparado para el show: los palcos lucieron colmados por las primeras líneas de la Casa Rosada. Hicieron acto de presencia los ocho ministros, secretarios, el presidente Javier Milei y su hermana Karina. Abajo, los legisladores oficialistas cumplieron con el mandato de proteger y blindar con aplausos a su Jefe de Gabinete. Lejos de soltar la mano en medio del escándalo por las investigaciones sobre su patrimonio, el Gobierno no retrocedió sino que redobló la apuesta y marchó en formación hacia el Congreso para demostrar su apoyo total.
¿Qué se dijo?

En una sesión digna de una maratón, Adorni defendió el rumbo de la gestión, destacando los logros económicos del gobierno de Milei. Aseguró que la administración logró “resultados contundentes y positivos” tras recibir un país “en crisis terminal”. En ese sentido, destacó la baja de la inflación, el superávit fiscal y la reducción del gasto público como pilares del programa oficial. Hizo un repaso por los logros en economía, defensa, relaciones exteriores,salud, etc. Mientras los ministros que “consiguieron” esos logros los miraban expectantes.
Por otro lado, quiso dar explicaciones sobre la inestabilidad económica actual, donde echó la culpa a la oposición. Allí acusó al kirchnerismo y a sectores de la oposición de haber impulsado una “operación golpista” durante el último año, con impacto en variables económicas como el riesgo país, las tasas de interés y la dolarización.
Respecto de su escándalo por corrupción, el funcionario decidió adelantarse a las preguntas de los Diputados y en su apertura habló de todo: “Quiero dejar en claro que he afrontado yo mismo los pagos de todos los viajes que realicé con mi familia”, señaló, y remarcó que se trató de “vacaciones personales” sin financiamiento de terceros. “Las manifestaciones que se realizaron públicamente relativas al costeo por terceros de viajes son tendenciosas y además falsas”.
Entre otras declaraciones, Adorni sostuvo que las críticas de la oposición “exceden la marcha del Gobierno” y defendió la postura oficial frente a las investigaciones: “Nunca un gobierno anterior colaboró de forma inmediata sobre denuncias realizadas a sus propios funcionarios”. En contraposición, afirmó que la actual administración respeta la división de poderes: “Somos los primeros en respetarla y bajo ninguna presión política obstruimos el avance de ninguna causa judicial”.
El clima de la sesión se tensó cuando el diputado Juliano preguntó si pensaba renunciar, en medio de reiteradas intervenciones de Martín Menem -Jefe de la Cámara de Diputados- para que reformule su intervención, ya que Juliano insistía en el tuteo y Menem le exigía el trato de “usted”. Adorni fue contundente y generó los aplausos de su bancada “No. Por el contrario, estoy acá dando la cara. El Presidente me confió el honor y la responsabilidad de coordinar el gabinete más reformista de la historia. Voy y vamos a seguir trabajando para materializar el sueño de una Argentina diferente”.
Sobre el cierre, endureció el tono y respondió de manera directa a las acusaciones: “Han sacado conclusiones equivocadas. Y quiero ser más claro todavía: no cometí ningún delito y voy a probarlo en la justicia”. Luego agradeció la presencia del presidente Javier Milei y de la secretaria general Karina Milei, así como al titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. “Acá estoy, cumpliendo con la Constitución Nacional y mostrando el resultado de nuestro trabajo”, concluyó entre aplausos.
En una sesión de alta temperatura, Adorni logró sobrevivir a la exposición, pero fue incapaz de responder los interrogantes clave sobre sus causas judiciales. Al delegar las explicaciones en el rol de la justicia, el Jefe de Gabinete optó por el silencio técnico sobre su patrimonio. El desenlace de esta trama, una historia frecuentemente repetida en la política argentina, ya no se definirá en el debate público, sino en el silencio de los juzgados.
La confianza en el gobierno, al límite
Hace una semana se conoció un dato que es observado de cerca por el gobierno: el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Este indicador realiza un relevamiento sobre la percepción ciudadana en el desempeño y la credibilidad de los gobiernos en una escala de 0 a 5, donde 0 es la ausencia de confianza y 5 el nivel más alto. Para el mes de abril, se concluyó un valor levemente por encima de los 2 puntos, con una caída de más de doce puntos respecto del mes pasado.

La caída en el nivel de confianza enciende las alarmas en los funcionarios más cercanos al presidente. La preocupación se extiende alrededor de un problema claro: en caso que la caída permanezca, a un año de las elecciones, cada vez es más complicado pensar en una reelección libertaria.
En caso de una eventual candidatura hacia la reelección -posibilidad admitida por el propio presidente semanas atrás-, deberá contar con una estrategia mínima de previsibilidad económica y política que motive a mejorar los indicadores actuales. Esto responde a una tendencia clara alrededor del ICG: por lo general, los candidatos con una confianza menor a los dos puntos rara vez son reelegidos.
Tal y como venimos mencionando las últimas semanas en SIAM, hay dos escenarios incómodos que enfrenta el oficialismo: la inestabilidad económica donde los niveles de inflación no coinciden con el relato de gobierno y los problemas de unidad política que enfrenta el partido libertario. Evidentemente, las contradicciones dentro de la gestión se están reflejando en la opinión de los ciudadanos.
La CGT marchó a Plaza de Mayo y mostró fisuras

En la previa del 1° de mayo, la Confederación General del Trabajo (CGT) volvió a movilizarse hacia Plaza de Mayo. Bajo un clima de fuerte tensión con el Ejecutivo, la central obrera leyó un documento crítico y decidió, por el momento, no ponerle fecha a una nueva huelga general.
El acto central estuvo encabezado por el triunvirato de mando: Octavio Argüello (Camioneros), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Jorge Sola (Seguros). Desde el escenario montado frente a la Casa Rosada, los dirigentes lanzaron una advertencia directa: “Se terminó la paciencia, señor Presidente”
A pesar del tono combativo de los discursos, la cúpula sindical optó por la cautela estratégica. Si bien afirmaron que "después de la marcha habrá una medida de fuerza mucho más fuerte", evitaron el llamado inmediato a un paro nacional, buscando estirar los tiempos de negociación.
Un componente central de la jornada fue el homenaje al Papa Francisco. El acto comenzó con la intervención del Padre "Toto" de Vedia, quien reivindicó el legado de Bergoglio y sostuvo que "el trabajo es con derechos o es esclavo", vinculando el reclamo sindical con la doctrina social del pontífice.
La convocatoria, sin embargo, mostró claroscuros. Mientras que los sectores más duros exigían profundizar el plan de lucha, la asistencia estuvo lejos de ser multitudinaria en comparación con otras protestas. Incluso se registraron columnas que abandonaron la plaza antes de que finalizarán los discursos principales.
Desde el Gobierno, la respuesta fue el silencio y el refuerzo del vallado en la Casa Rosada. Para el oficialismo, la baja intensidad de la movilización refuerza su postura: el sindicalismo tradicional está perdiendo capacidad de convocatoria frente al hartazgo social por la crisis económica.
La izquierda cobra fuerza en las encuestas, pero se muestra dividida en público
En una semana de encuestas, la consultora brasileña Atlas Intel publicó un gráfico que fue tema de conversación y visibilizó el tablero político: entre los datos más novedosos, la diputada por el Frente de Izquierda, Myriam Bregman, fue la candidata con mejor imagen positiva respecto de la negativa. Si bien este dato no determina la intención de voto, pero sí ubica a la diputada en un escenario cada vez más competitivo en el plano político.

A pesar de la novedad en los resultados, la izquierda tiene diferencias internas que se muestran en público. Tal es así que para el Día del Trabajador, los distintos sectores de la izquierda se movilizaron en predios apartados. Por un lado, el Frente de Izquierda-Unidad se concentró en la Plaza de Mayo. Por el otro, el PTS en el microestadio de Ferro.
Las diferencias en la estructura partidaria y en sus liderazgos no impiden un punto de coincidencia: la crítica sostenida al gobierno. Allí condenan cada paso de la gestión de Javier Milei argumentando que la vida y los derechos de los trabajadores están en riesgo.
Este posicionamiento se inscribe en un contexto más amplio de cuestionamientos al gobierno, que excede a la izquierda y atraviesa a otros sectores. En este contexto, Atlas Intel concluyó que el 63% de los encuestados desaprueba la gestión presidencial.

El 63% de desaprobación deja en evidencia no sólo el desgaste de la gestión, sino también da paso a la proliferación de discursos críticos. Esto hace que se configure un escenario político cada vez más exigente para el gobierno: incluso en aquellos sectores que aún no encuentran una posición unificada, se refuerza la lógica de confrontación directa con el oficialismo.
En este marco, el discurso de la izquierda se concentró en decir que su oposición fue el único espacio con rechazo total a las propuestas de la gestión libertaria: “integramos el único bloque político que no le votó nada a Milei, que no hicimos acuerdo por cargos, que no le votamos las leyes, que no transamos, que no panquequeamos, que no tenemos vendidos” afirmó Bregman en el microestadio de Ferro.
El tablero político parece avanzar hacia un escenario que desincentiva el intercambio de ideas y favorece a las posturas más cerradas. Queda ver si este clima se consolida o sí, por el contrario, da lugar a nuevas formas de articulación política de cara a las elecciones del año que viene.