Una navaja y una campana: dos instrumentos conceptuales para elegir entre explicaciones

Una navaja y una campana: dos instrumentos conceptuales para elegir entre explicaciones
Guillermo de Ockham. Vitral de un templo en Surrey, Reino Unido. Fuente: Ockham Church

Un paquete figura como entregado, pero no está en el domicilio. Una transferencia que suele acreditarse en segundos queda pendiente durante horas. Alguien desconocido aparece repetidamente entre las recomendaciones de seguidos en Instagram. ¿Hay una sola explicación válida para estas situaciones?

En un artículo anterior, se presentó una intuición sintetizada del falsacionismo popperiano para aplicar en las decisiones del día a día: una buena teoría científica debe exponerse a la posibilidad de ser refutada. Llevado a situaciones cotidianas, si alguien cree que le cuesta hablar en público, debería considerar también aquellas ocasiones en las que logró expresarse con claridad.

Frente a las distintas hipótesis que pueden explicar por qué ocurrió algo diferente de lo esperado, ¿por cuál conviene empezar? Hay dos filtros que pueden resultar útiles para orientar el criterio y acercarse a una respuesta.

La campana que no hace ruido

Un buen primer filtro es algo más cotidiano que la filosofía de la ciencia: la frecuencia. Hay cosas que pasan todo el tiempo y otras que casi nunca pasan. Nada muy revelador, pero lo interesante es que existe una herramienta estadística que permite representar gráficamente esa intuición:

Gráfico esquemático de un ejemplo de distribución normal

La campana de Gauss (o curva de distribución normal) explica una parte de lo que vivimos todos los días. En estadística, es una representación gráfica en forma de campana que muestra cómo se distribuyen los datos de una variable, en donde, a efectos prácticos, el eje vertical representa la frecuencia, y el eje horizontal la variación. La línea roja simboliza la cantidad de algo, que en los extremos es poca, y alrededor del medio concentra la mayor parte. 

A modo de ejemplo, la mayoría de días gastamos cantidades de dinero parecidas; solo de vez en cuando aparece un día de gasto excepcionalmente alto o bajo. Siguiendo con el ejercicio de imaginar un gráfico gaussiano, ese patrón de gastos diarios estaría asociado a este gráfico:

Gráfico representativo de un ejemplo de distribución normal, sujeto al ajuste según los niveles de gasto de cada individuo, donde la curva alcanza su máximo valor en el promedio (material generado con el LLM GPT-5.6 Sol)

Lo mismo pasa con los horarios en los que vamos a dormir; los días que dormimos más temprano o más tarde de lo normal son minoría, pues casi siempre lo hacemos en un horario similar. Estos ejemplos nos permiten esbozar una intuición: lo habitual se acumula en el centro, es más frecuente, mientras que los extremos aparecen con menos frecuencia. No todos los fenómenos siguen esta distribución, pero la campana nos sirve como idea esquemática.

La navaja que no pincha ni corta

Entre una teoría y la realidad hay un camino repleto de decisiones que nos ubican frente un abanico extenso de suposiciones, pero existe un instrumento conceptual que establece un parámetro para elegir una de ellas. La navaja de Ockham, un principio asociado al filósofo medieval Guillermo de Ockham hace 600 años, nos permite sortear el recorrido. 

Al momento de probar nuestras teorías, un resultado distinto del que esperábamos no siempre nos dice exactamente qué parte de nuestra explicación falló. Ahí aparece nuestro nuevo instrumento: si para salvar una explicación necesitamos agregar una nueva excepción cada vez que la evidencia la contradice, quizás estamos complicando de más el relato. 

Usualmente se la resume como “la explicación más simple suele ser la correcta”. Pero esa formulación puede resultar engañosa. Ockham no nos está diciendo que el universo tenga que ser simple, la idea es más prudente: cuando varias hipótesis explican igual de bien lo que vemos, conviene preferir aquella que necesita menos supuestos adicionales. 

Ilustración portada de Occam’s Razor, Grey Sky Appeal & Qwel, 2013. Fuente: Bandcamp

Desgranando esta idea en profundidad, la explicación que elijamos no tiene que ser la correcta, sino la más plausible con la información que tengamos en ese momento. Si una hipótesis depende de acontecimientos muy poco frecuentes, tenemos una primera razón para exigirle más evidencia. Si, además, necesita sumar varios supuestos que no observamos para explicar lo mismo que otra hipótesis más sencilla, la navaja de Ockham nos da una segunda razón para no elegirla. En criollo, si dependemos de explicaciones poco probables (los extremos de la campana gaussiana), nuestra hipótesis puede transformarse en el guion de una película.

Un ejemplo que ilustra esta idea se ambienta en un hábito común para estudiantes universitarios: un trabajo práctico grupal. Imaginemos que el trabajo está en un documento compartido en Google Docs en el que notamos que un párrafo que habíamos escrito desapareció. Ante esta situación, aparecen varias hipótesis:

A. Alguien lo borró o lo pisó sin querer mientras editaba.

B. Hubo un problema de sincronización o de versión del documento.

C. Un compañero decidió eliminarlo a propósito porque no estaba de acuerdo, no quiso decírtelo y después reorganizó el texto para que pareciera accidental.

Las tres son posibles. La diferencia es que C necesita sumar varias intenciones ocultas para las que no tenemos evidencia. Eso no la vuelve imposible, pero sí exige más evidencia antes de considerarla. La solución es tan sencilla como abrir el historial de versiones: si aparece quién eliminó el párrafo y cuándo, tendremos una observación capaz de discriminar entre explicaciones. Ante este escenario, la navaja de Ockham nos da una razón para empezar considerando A o B antes que C, que no solo trae más hechos, si no que, además, no suelen ser los más comunes en una experiencia universitaria. 

“Pluralitas non est ponenda sine necessitate”, afirmó Ockham. “La pluralidad no debe postularse sin necesidad”. Este principio es compatible con objetivos medibles y falsables, los que aprueban el sello popperiano. En tiempos de vertiginosos cambios, robustecer nuestra forma de pensar para elaborar hipótesis falsables, medibles y que involucren el menor número de suposiciones que la sostengan es un ejercicio esencial para no abrumarnos. 

Desconfiar sanamente de nuestras creencias para construir teorías más fuertes y no dejarnos engañar por verdades a medio cocinar son hábitos en peligro de extinción en un mundo saturado de desinformación y de ruido. Con estas herramientas sencillas, Ockham y Popper nos invitan a fortalecer nuestro arsenal de estrategias para navegar la realidad. 

Bibliografía:

Spade, P. V., & Panaccio, C. (2024). William of Ockham. In E. N. Zalta & U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Stanford University. https://plato.stanford.edu/entries/ockham/

de Moivre, A. (1738). The doctrine of chances: Or, a method of calculating the probabilities of events in play (2nd ed.). H. Woodfall.