La Guerra de los Templos: el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya

La Guerra de los Templos: el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya
Personal militar camboyano y extranjero en el sitio arqueológico de Preah Vihear. Fuente: Fulcrum

En el último mes, hemos escuchado al presidente Donald Trump adjudicar la resolución de varios conflictos internacionales a sus labores de mediación. Entre ellos, uno de los más destacables fue el que se desencadenó a lo largo de la frontera entre Tailandia y Camboya debido a una disputa fronteriza cuyas raíces se remontan a inicios del siglo XIX. El conflicto supuso consecuencias económicas y humanitarias graves a ambos países, y las participaciones de Estados Unidos, China y ASEAN en la mediación ponen en cuestión la posición del Sudeste Asiático en el escenario internacional. Tras los testimonios del presidente norteamericano y el surgimiento de nuevas acusaciones por parte de los beligerantes sobre lo acontecido en el conflicto, es pertinente que revisitiemos los acontecimientos de 2025.

¿Qué pasó en 2025?

Mapa de las provincias fronterizas y los templos en que se produjeron enfrentamientos en 2025. Fuente: Britannica

El preludio al conflicto lo podemos ubicar el 28 de mayo de 2025, cuando un soldado camboyano murió debido a un enfrentamiento entre patrullas de ambos países. Las razones y quién inició la escaramuza no son claras. Lo que es claro es que desde entonces se desarrolló una creciente militarización de la frontera. A partir de junio, los pasos fronterizos fueron cerrados progresivamente. El 16 de julio, durante un patrullaje, tres soldados tailandeses fueron heridos por la explosión de una mina terrestre. Tras una investigación, el gobierno tailandés afirmó que se trató de una nueva mina instalada por el régimen camboyano. Ante tales acusaciones, el gobierno camboyano respondió que fue en realidad el gobierno tailandés quien había puesto las minas terrestres allí para desacreditar a su país. El 23 de julio, otro incidente tuvo lugar cuando cinco soldados tailandeses fueron heridos por otra mina terrestre. Fue entonces que el gobierno tailandés decidió retirar a su embajador de Phnom Penh (capital camboyana) y expulsar a la delegación camboyana del país.

El 24 de julio comenzó el conflicto. Lo que en un inicio parecía ser una serie de escaramuzas en las inmediaciones del templo de Prasat Ta Muen Thom, en sólo unas horas se extendió a lo largo de toda la frontera, involucrando artillería pesada y ataques aéreos. El cese al fuego llegó a los pocos días y de forma algo curiosa: un posteo. El 26 de julio, el presidente Donald Trump publicó el siguiente mensaje en la plataforma Truth Social: 

 “Acabo de hablar con el primer ministro de Camboya sobre la posibilidad de detener la guerra con Tailandia. En este preciso instante, voy a llamar al primer ministro interino de Tailandia para solicitar, de igual manera, un alto el fuego y el fin de la guerra que actualmente está en pleno desarrollo. Por pura coincidencia, estamos negociando acuerdos comerciales con ambos países; sin embargo, no queremos cerrar ningún trato con ninguno de ellos mientras sigan en conflicto, ¡y así se los he hecho saber! La llamada a Tailandia se realizará en un momento. La conversación con Camboya ha concluido, pero tengo previsto volver a contactarles —en función de lo que responda Tailandia— para tratar el cese de las hostilidades y el alto el fuego. ¡Estoy intentando simplificar una situación compleja! Muchas personas están perdiendo la vida en esta guerra; la situación me recuerda mucho al conflicto entre Pakistán e India, el cual logró detenerse con éxito.” (Fuente: Truth Social)

La intervención estadounidense dio por resultado que ambas facciones firmaran, dos días más tarde, un alto al fuego. El 26 de octubre se realizó en Malasia la firma de un acuerdo de paz, donde ambas partes se comprometían a salvaguardar la paz y la seguridad ante la presencia del primer ministro de Malasia y el presidente de los Estados Unidos. Esto no impidió que nuevos incidentes y acusaciones continuaran los meses siguientes. El 10 de noviembre, soldados tailandeses sufrieron heridas causadas, nuevamente, por minas terrestres. Tailandia, entonces, anunció que suspendería el acuerdo de paz. El 8 de diciembre, se reanudó el conflicto a lo largo de la frontera, luego de que la noche anterior ocurriera una escaramuza. Así como ocurrió en la crisis de julio, los ataques escalaron rápidamente. Esta segunda ola, sin embargo, duró mucho más y fue más violenta. El conflicto cesó con un segundo alto al fuego firmado el 27 de diciembre, esta vez por mediación de la República Popular China.

La manzana de la discordia: raíces del conflicto

El foco del conflicto se concentró en el Triángulo Esmeralda, la zona de la triple frontera Tailandia-Camboya-Laos. A diferencia de otras contiendas, donde se disputan grandes áreas territoriales, puntos estratégicos o recursos vitales, el conflicto tailandés-camboyano encuentra su fuente en otro lugar: unos 60 sitios arqueológicos, el más importante siendo el templo de Preah Vihear. Este es un templo hindú construido entre los siglos XI y XII bajo el dominio del Imperio Khmer, que se extendió por las actuales Camboya, Laos, casi toda Tailandia y partes de Vietnam, Malasia, Myanmar y China. Este imperio estuvo en pie desde el siglo IX hasta el año 1431, y dejó un legado cultural increíblemente amplio en la región, siendo su capital, Angkor Wat, una de las postales más reconocidas de Camboya.  

En el año 1431, la capital Khmer fue capturada por el Reino de Ayutthaya y el imperio cayó. Desde entonces, lo zona norte de la actual Camboya quedó bajo la administración de este reino, mientras que el resto de la región pasó por distintas manos hasta que, en 1863, los franceses establecieron el protectorado de Camboya. El Reino de Ayutthaya, por su parte, pasó por distintas dinastías y nombres hasta convertirse en la actual Tailandia. Uno de los grandes logros que se adjudica esta nación es el de ser el único país en todo el Sudeste Asiático en no ser colonizado por las potencias occidentales. Esta hazaña no se logró sin concesiones. En 1904 y 1907, Tailandia firmó dos tratados con Francia, donde cedió las provincias de Camboya Interior al país galo a cambio de que este revocara el derecho de extraterritorialidad de ciudadanos franceses en territorio tailandés. Los límites demarcados en este tratado se convertirían posteriormente en la frontera actual entre Camboya y Tailandia. No obstante, es en este momento donde se cimentan las bases del conflicto actual. La zona norte de la frontera era un área de difícil acceso y poco poblada, por lo que, a la hora de escribir el tratado, ciertas áreas no fueron claramente delimitadas. Esto causó que, tras la independencia de Camboya, surgieran discrepancias sobre los verdaderos límites.

Ya en 1968 la Corte Internacional de Justicia determinó que el templo de Preah Vihear debía quedar bajo soberanía camboyana, y que las ropas tailandesas debían retirarse. Sin embargo, la Corte falló en especificar a quién le correspondían los 4,6 km2 de tierra alrededor del templo y que ahora son el foco del conflicto. El último enfrentamiento armado significativo en torno a la posesión de este territorio se dio entre 2008 y 2011, dejando un saldo de 38 militares y 5 civiles muertos. El detonante fue la designación del templo de Preah Vihear como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El conflicto volvió entonces a ser tratado por la Corte Internacional de Justicia, quien volvió a fallar a favor de Camboya.

Templo de Preah Vihear. Fuente: JSTOR

Consecuencias socio-económicas

La cifra de fallecidos por el conflicto se estima entre 48 y más de 83 muertos durante la crisis de julio (Fuentes: Nikkei Asia; The Telegraph), y 136 soldados y 75 civiles tailandeses durante la crisis de diciembre (Fuentes: ABC News; Asia Nikkei). Si bien no fue una guerra altamente mortífera, si fue fuertemente significativa en dos aspectos: el económico y el humanitario. Hay que comprender, antes que seguir con este punto, que hay una gran asimetría entre Tailandia y Camboya: el primero es más fuerte económica y militarmente, además de que tiene una presencia más notoria en la arena internacional.

Como países fronterizos, poseen importantes relaciones comerciales entre ellos. Para Tailandia, Camboya es un importante destino para sus exportaciones. Además, depende mucho de la mano de obra migrante camboyana, en especial en los sectores agropecuarios y de la construcción. Para 2024, en Tailandia había alrededor 1,2 millones de trabajadores camboyanos. Por estos motivos, los conflictos de 2025 tuvieron impactos notables en la economía tailandesa. Alrededor de 770.000 trabajadores migrantes camboyanos regresaron a su país, y con el posterior cierre de las fronteras, no pudieron volver a Tailandia, golpeando fuertemente a los sectores dependientes de su labor. Otro sector afectado fueron las empresas del rubro exportador de la región fronteriza. Las empresas que dependen de la venta de sus productos al mercado camboyano no sólo se vieron afectadas por el cierre de la frontera, sino que también fueron víctimas de un boicot comercial dirigido hacia los productos tailandeses.

Por otro lado, para Camboya, Tailandia representa la tercera fuente de origen de sus importaciones. De este país compra principalmente petróleo, materiales de construcción, comida y bienes domésticos. Obviamente la proximidad física le supone a Camboya un acceso rápido y barato a estos bienes. Incluso si Tailandia no es el principal mercado para las exportaciones camboyanas, sí es una vía importante para que sus productos lleguen a otros países. Esta mayor dependencia por parte de Camboya hacia Tailandia se tradujo, durante los conflictos, en tener que enfrentar consecuencias más severas. Tuvo que gestionar el regreso masivo de trabajadores a su país, provocando una sobreoferta laboral y una alta desocupación. Los agricultores que exportan a o a través de Tailandia se vieron fuertemente golpeados por el cierre de la frontera, perdiendo el producto o teniendo que venderlo a precios más bajos. A su vez, el corte del flujo de importaciones tailandesas implicó un aumento de precio en los insumos para los productores y un aumento en el costo de vida de los hogares. Finalmente, uno de los sectores más fuertemente afectados fue el del turismo. Mucho del turismo internacional que llega a Camboya lo hace a través de Tailandia, por lo que la inseguridad creada por los enfrentamientos causó que el mismo cayera un 16,9% respecto al 2024, mientras que la ocupación hotelera pasó de un 77,8% a un 59,1%, siendo las ciudades fronterizas las más afectadas (Fuente: CNA Insider).

Vista aérea muestra a personas desplazadas cerca de la zona fronteriza entre Camboya y Tailandia. Fuente: CNN Español

La crisis humanitaria, por su parte, estuvo caracterizada por la cuestión de los desplazados. Según la OMS, 498.000 camboyanos y 437.000 tailandeses se vieron forzados a abandonar sus hogares debido a los conflictos. Esto implicó una serie de desafíos para ambos gobiernos: la relocalización de los refugiados, garantizar el acceso a comida y agua, la prevención de epidemias, entre otras cuestiones que impusieron costes económicos y organizacionales a las dos naciones. Además, los enfrentamientos destruyeron muchos hogares y dejaron inutilizables varios campos de cultivo debido a la presencia de ojivas. Esto significó que varias familias no tuvieran un lugar a donde regresar o perdieran su única fuente de ingresos. Finalmente, familias a ambos lados de la frontera no quieren aún hoy volver a sus hogares ante el miedo de que se vuelva a desencadenar una guerra.

El detrás del conflicto

Una de las principales incógnitas que surgen en torno a estos eventos es, ¿por qué recurrieron a las armas? Una disputa diplomática por la delimitación fronteriza no es algo extraño. Tampoco es extraño un conflicto armado en zonas de interés militar, económico o con acceso a recursos clave. Por eso cabe preguntarnos qué motivos llevaron a estas naciones a cargar con costes tan altos por unas tierras que no les reportaban ningún beneficio material o estratégico.

El autor Nguyen Huu Quyet puede arrojar algo de luz a la cuestión. El autor nos explica que la gran razón subyacente al conflicto es el nacionalismo. El nacionalismo es una parte estructuralmente integrada en la sociedad y el Estado. Esto significa que altera lo que los ciudadanos y los decisores políticos perciben como intereses nacionales y cuáles son las amenazas existenciales a esos intereses y a la nación. Esto implica que quienes gobiernan no toman decisiones basándose únicamente en lo que es racional, sino que también toman en consideración la ideología nacionalista interna. No obstante, hay otra cara de esta moneda. Nguyen afirma que el nacionalismo puede también ser utilizado por la élite gobernante a su favor para legitimarse, y legitimar acciones coercitivas y una diplomacia más dura. (Fuente: Wiley). En el caso del conflicto fronterizo de Tailandia y Camboya, el autor destaca que se trata de una contienda donde agravios históricos e identidades nacionales fuertemente arraigadas al territorio se unen para dar como resultado un espacio muy limitado a negociaciones y concesiones, promoviendo un conflicto más largo y violento.

Entre ambas naciones hay una latente rivalidad cultural: Camboya acusa a Tailandia de apropiación cultural, porque gran parte de los aspectos propios del patrimonio histórico tailandés son heredados del Imperio Khmer. Por su parte, Tailandia afirma que las conquistas e intercambios realizados tras la caída del Imperio Khmer le dan derecho a reclamar esos elementos legítimamente. Estas retóricas colocan al templo de Preah Vihear en el fuego cruzado. Como monumento construido por el Imperio Khmer, los camboyanos lo reclaman como propio y como símbolo nacional. Sin embargo, como pasó siglos siendo parte clara del territorio tailandés, este Estado considera que el reclamo camboyano es un ataque a la integridad territorial de la nación y un ataque directo a su soberanía. 

En los últimos años, el contexto político doméstico de ambas naciones impulsó a las élites gobernantes a hacer uso del nacionalismo en su beneficio. En 2023, Camboya había experimentado un importante cambio en el poder. Tras ser el primer ministro desde 1998, Hun Sen debió renunciar a su puesto debido a un escándalo de corrupción, siendo sucedido por su hijo, Han Manet. El nuevo primer ministro no sólo debía reconstruir la estabilidad del gobierno, sino también limpiar la imagen familiar. Para ello, se abanderó la protección del territorio como parte integral de su política. Por su parte, en Tailandia, los partidos opositores a la primera ministra Paetongtorn Shinawatra tacharon como una respuesta “débil”, al inicio de las tensiones, su compromiso con la paz. En junio, salió a la luz una llamada telefónica entre la primera ministra y Hun Sen. Si bien en el audio no se menciona la cuestión fronteriza, grupos nacionalistas y la oposición iniciaron una campaña masiva para removerla del cargo, acusándola de atentar contra la soberanía nacional. Para agosto fue finalmente destituida. En su lugar, la Asamblea Nacional eligió como nuevo primer ministro a Anutin Charnvirakul, líder del partido Bhumjaithai de ideología conservadora de derecha y nacionalista. Bajo su liderazgo fue que en diciembre se anuló definitivamente el acuerdo de paz y volvió Tailandia a enfrentarse con Camboya en una ola de violencia más larga y destructiva. Esta “mano dura” a la hora de gestionar el conflicto, en un contexto donde los sentimientos nacionalistas se encontraban ensalzados, hizo que en las elecciones generales de febrero de 2026 el Bhumjaithai arrasara en las urnas, pasando de 71 escaños a 192.

Actores internacionales: Estados Unidos, China y ASEAN

La participación de grandes potencias como China y Estados Unidos en los intentos de mediación de este conflicto nos demuestra la importancia que tiene el Sureste Asiático en la arena internacional. Por otro lado, la incapacidad de ASEAN en lograr desescalar el conflicto puso en entredicho su funcionalidad.

Los líderes de Malasia, Estados Unidos, Tailandia y Camboya en Kuala Lumpur. Fuente: Prime Minister’s Office of Malaysia Official Website

Para los Estados Unidos, el Sudeste Asiático es un punto geográfico importante, principalmente por ser una región crucial en el comercio marítimo (por ejemplo, el Estrecho de Malacca) y por ser un área en la que China está tratando de hacerse de una presencia más intensa. Consecuentemente, en los conflictos de julio, Trump intercedió rápidamente para desescalar las tensiones. No obstante, su estilo diplomático demostró ser débil, ya que los conflictos se reanudaron en diciembre, incluso habiendo firmado unos meses antes un acuerdo de paz. Para esta segunda ola, China decidió intervenir. China hace años que está aumentando su presencia en la región, siendo la iniciativa de la Franja y la Ruta parte crucial en su estrategia para expandir sus influencias. La iniciativa de la Franja y la Ruta es un conjunto de proyectos nacionales y regionales para desarrollar infraestructuras y fomentar los vínculos comerciales entre China y el resto de Asia, Oceanía y Europa. En este contexto, el Sudeste Asiático se posiciona como un punto neurálgico por donde pasan algunas de las rutas terrestres y marítimas más importantes para esta empresa. La guerra no sólo puso en riesgo el flujo comercial, sino que la alianza que Camboya tiene con China produjo una serie de fricciones entre los gobiernos tailandés y chino que podían perjudicar el desarrollo del proyecto en la zona.

¿Por qué la mediación china fue más efectiva que la de Trump? No hay una respuesta concreta. Un posible factor es que, en julio, Tailandia y Camboya estaban negociando con Estados Unidos por una flexibilización de los aranceles que les había impuesto Trump. Cuando se desencadenó el conflicto, Trump amenazó a ambas naciones con detener las negociaciones hasta que no se detuvieran los enfrentamientos. Por otro lado, las negociaciones se realizaron de manera muy mediática y pública, con Trump autocoronándose como el “presidente de la paz” (Fuente: Truth Social). Por consiguiente, Tailandia y Camboya no habrían llegado al acuerdo con una verdadera voluntad de resolver sus diferencias, quizás percibiendo que el único beneficiado en esto era Trump. Por su parte, la mediación china se llevó a cabo de manera más discreta, a través de canales institucionales y con un discurso enfocado en la cooperación regional y la no intervención china. En pocas palabras, mientras que el enfoque de Trump priorizó una solución rápida a través de la presión para mejorar su propia imagen, la solución China se enfocó en alcanzar un equilibrio duradero basado en la perseverancia en el diálogo. (Fuente: East Asia Forum)

Ministros de Relaciones Exteriores de Camboya, China y Tailandia en Yunnan. Fuente: Al Jazeera

La participación de ASEAN (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental) en la desescalada de las tensiones es la más cuestionada de todas. ASEAN es una organización integrada por 11 países del Sudeste Asiático, incluidos Tailandia y Camboya, cuya principal función es promover la cooperación económica, social y de seguridad en la región. Siendo estos sus objetivos, su incapacidad de impedir la escalada de conflicto y de preservar el alto al fuego en julio puso en duda su utilidad como organismo. Gran parte de esto se debe a que ASEAN defiende el principio de no intervención: es decir, la organización se basa en la cooperación voluntaria de sus miembros. Siguiendo esta vertiente, durante la crisis fronteriza de Tailandia y Camboya no desplegó ningún mecanismo para la desescalada más que una serie de comunicados solicitando el diálogo. Del mismo modo, tampoco creó mecanismos para asegurar que no se violara el acuerdo de paz firmado en octubre. Por estos motivos, se cuestiona si ASEAN deberá reformarse para lograr desarrollar herramientas que le permitan alcanzar sus objetivos. Sin embargo, y más allá de las críticas que puedan hacérsele, es importante recalcar que el principio de no intervención no es ningún capricho, sino una respuesta a los traumas históricos de la región, causados por las intervenciones de las potencias occidentales durante la era colonial y la Guerra Fría.